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Nuestro Carisma

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           Nuestro Carisma

 

    La belleza de María Inmaculada nos descubre a todos la belleza y armonía de nuestra creación. Nos recuerda nuestras raíces santas, de dónde venimos y a dónde vamos, hacia Dios.

 

    Ella, además, nos da la certeza de que la redención de Cristo que a ella la preservó del pecado original, en nosotros se convierte en fuerza santificante que nos limpia de él y preserva de caer en otros pecados. Esta es nuestra creencia firme.

   
 

 
   
     
       
 

  Todo comenzó cuando Santa Beatriz de Silva por orden de la Virgen Inmaculada inició la Orden Concepcionista en el año 1484 y consiguió su aprobación cinco años mas tarde, el 30 de abril de 1489.

 

  Contemplando a Maria, ella logró ser "una gozosa experiencia de Dios en la limpia transparencia del espíritu", y allí, "en el nombre de María Inmaculada" dejó encerrado el secreto de su experiencia espiritual y santidad, para su Orden.

 

  Después de su muerte, circunstancias históricas en el ambiente de reforma de los siglos XV y XVI, cambiaron el modo de ser de la Orden

 
   
   
   
       
 

   El Concilio Vaticano II con su "vuelta a las fuentes", nos impulsó a recuperar nuestra reserva espiritual fundacional viviendo en nuestra comunidad la "primigenia inspiración de la Orden".

 

   Después de unos años de maduración del carisma logramos la aprobación pontificia el 8 de septiembre de 1996

 
   
   
   
       
 

        Patio central del Monasterio, con su fuente

   De la contemplación profunda del misterio de la santidad original de la Virgen Inmaculada, fluye, como de su fuente, el amor, la armonía, la paz, la trascendencia, la no violencia. Fuerza santificante que aglutina y forma nuestra comunidad monástica y nos ayuda a alejarnos del pecado y a acercarnos a la virtud, a Dios.

 

   Y nos hace tomar conciencia desde el silencio de nuestro claustro de nuestra gran misión, que es, mediante la oración, la ascesis y la imitación de la sin pecado y su culto, ayudar a la humanidad a la consideración de sus raíces, que es Dios, a su conocimiento y amor