¿Existirá Cervantes ?

Homenaje a Don Miguel

A Dios se le dan las gracias por las cosas hermosas que hay en la vida, y por aquellas creaciones de los hombres que elevan el espíritu de lo que somos y dan cuenta de la grandeza de nuestra dignidad. Por ello es de agradecer que Dios nos concediera el don de un hombre que dio lugar a una de las obras literarias más bellas y hondas que en la historia se hayan escrito:

Cervantes y su (nuestro) Don Quijote de la Mancha. ¡Cuánto bien a tanta gente han hecho, a nuestra tierra, a nuestra cultura, y cuánto nos puede enseñar esta singular obra maestra! A mí ambos, escritor y personaje de la obra, me sugieren especialmente una cosa, y es la relación que existe entre ellos, que bien puede ser una fenomenal parábola para entendernos nosotros con relación a Dios: cada uno somos el personaje entrañable de una hermosa historia cuyo creador es Dios. 

Y pienso: qué importante es el Ingenioso Hidalgo, cuánta buena fama ha tomado, qué loables sus ansias de hacer el bien y cuidar de los desventurados... Pero ¿qué sería D. Quijote sin Cervantes? Pregunta simple, respuesta más simple aún. Apliquémosla ahora a nuestra propia persona. ¿O acaso no tengo yo mi particular “Autor”? Así de sencillo es el misterio y el fundamento de mi vida. ¿A que no nos imaginamos a D. Quijote preguntándose “existirá Cervantes”? Y sin embargo esto es lo que nosotros hacemos, cuando lo hacemos

Nuestro Creador nos ha hecho tan reales que nos ha dado incluso la capacidad de creernos grandes, tan grandes que somos capaces de dudar de la existencia de Alguien que nos haya pensado y nos haya dado la existencia. Incluso, a veces, pensamos que existimos porque sí, por arte de birlibirloque, porque ya está, de pronto, como quien no quiere la cosa, somos el más excepcional de los seres de la naturaleza y lo somos -¡pumba!- por arte de magia.

A nadie se le ocurre que pueda fabricarse un avión sin un ingeniero; a D. Alonso no se le ocurre que pueda vivir sin su Cervantes; pero a nosotros se nos tercia que quizá no haya nadie detrás de nuestra inquietante existencia. Qué cosas.

D. Quijote y Cervantes nos ofrecen más comparanzas con nuestro drama. Veamos la relación de coordinación que existe entre ellos. No nos imaginamos al de la triste figura yendo de aventuras, conquistando ínsulas, enfrentándose a gigantes, sin contar con el Manco. “Es que no tengo tiempo”; “es que trabajo hasta tarde”; “es que me aburro cuando tengo que estar contigo”; ¿nos imaginamos estas excusas del Caballero Andante? Le diría Cervantes: ¡pero dónde vas a ir si no cuentas conmigo! ¡dónde vas tan corriendo si soy yo quien escribe tu vida! Apliquemos esto a nosotros. Cuánta gente sí reconoce que pueda existir un Dios, pero cuánta también vive como si no existiera. Nos afanamos por las cosas de la vida, el trabajo, ganar dinero, las vacaciones, las herencias, los negocios, etc., etc. ¿Y al Escritor, cuánto le dedicamos? En las grandes empresas de nuestra vida ¿cuántas veces nos preguntamos qué es lo que Él querrá? Cuántos hombres trabajadores, luchadores, cuántas mujeres entregadas, laboriosas, cuántas personas que se baten el cobre con tantos molinos de la vida, pero ¡cuánto abandono de la relación con su Cervantes!

Así somos, mirando sólo a la tierra, confiando en nuestras posibilidades, en nuestra salud, en nuestra belleza, en nuestras cosas, y somos así porque Él lo permite. ¡Cuántas cosas se pierde el quijote por no contar en su vida un poco más con Cervantes! Dios quiere escribir nuestra vida no sólo con su pluma, sino dejando que nuestra manecilla extienda la tinta cada día que amanecemos. Es el misterio de la libertad humana, enorme, sobrecogedor, libertad llamada a ponerse de acuerdo con el Genio, pero que a veces se interpreta como un deseo de escribir la vida única y exclusivamente desde uno mismo.

            Si le preguntáramos a nuestro Caballero qué es lo más importante para él, qué pensamos que nos respondería: ¿su Dulcinea?, ¿su amigo Sancho?, ¿sus aventuras?, ¿su honor?... Nos contestaría: ¡Ah, “infelice”! ¡Cervantes, Cervantes, quién si no!  Porque sólo por él, y gracias a él, todo lo demás tiene valor. Por eso mi inmensa gratitud a mi Señor que me llenó de tantas venturas!

Si me preguntasen a mí qué es lo más importante en esta vida... qué respondería.

Pero si le preguntásemos a Cervantes nos diría que su gloria es su creación, que su felicidad está en que Don Quijote sea conocido en el mundo entero: porque este caballero de la Mancha le ha hecho famoso. Si le preguntamos a Dios nos dirá que su gloria es la vida del hombre, que lo que Él quiere es que el ser humano sea feliz, y lo será si no se aparta de Él, si confía en que su éxito se verá algún día detrás de la cortina de la historia. Dios nos diría que no es nuestro rival, sino nuestro garante. Que la novela que está escribiendo con nosotros no tendrá fin. ¿Qué otra cosa va a decir Dios de su Criatura?

Pues por todo ello, por la oportunidad que esta pareja nos da para reflexionar, doy las gracias a Dios. Que busquemos también nosotros la conquista de la vida, y que lo hagamos como respuesta a la voluntad que nuestro Cervantes quiere para nosotros.

Juan Pedro , sacerdote

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