¿Por qué tenemos que ir a misa?

La gran fiesta del Corpus Christi es una celebración de nuestro Señor Jesucristo, donde de Él se celebra especialmente todo el rico significado que tiene para nosotros ‘su cuerpo'. Esta fiesta es como un complemento a lo que los cristianos celebramos el Jueves Santo: el Memorial de la Última Cena de Jesús poco antes de morir.

Por entonces se celebra el Misterio de lapresencia de Cristo en ese memorial, ahora sinembargo es su dimensión ‘hacia fuera' -podríamos decir-, pues es una fiesta para que el Cuerpo de Cristo salga al exterior, a lascalles, al pueblo donde vive esa humanidad por la que Él dio la vida.

¿Qué celebramos realmente en el Memorial de la Última Cena, en la Eucaristía ? Celebramos nuestra vida, ni más ni menos.

La noche en que Jesús celebra la cena con sus discípulos está celebrando la Pascua de los judíos. La Pascua era el Memorial de la liberación del pueblo de Israel de la esclavitud sufrida en Egipto, liberación que realiza Dios por medio de Moisés. Cada año por las mismas fechas se hacía esta conmemoración. Aquella liberación extraordinaria de Dios era el acontecimiento más grande de la historia del pueblo judío. Celebraban que gracias al poder de Dios ‘hoy' ellos podían contarlo, hoy estaban vivos, hoy ese pueblo seguía adelante. Ningún judío se atrevía a no celebrar aquello, pues sería como renegar de la vida que Dios le había dado gracias a este acto salvador. Era un memorial, por eso decían “esta noche Yahveh pasó con mano fuerte sobre Egipto…”. “Esta noche”, aunque hubiesen pasado siglos desde aquello. Eso es un memorial: hacían presente cada Pascua lo que había sucedido en el pasado como si fuera hoy mismo.

En esa cena se sacrificaba un cordero en el templo (se quemaban las vísceras y el humo era la ofrenda que se elevaba hasta Dios) y se debía comer luego en familia, de pie y a prisa, todo ello como recuerdo de cómo tuvieron que huir del faraón. El padre de la familia era quien repartía el cordero, las hierbas amargas, el pan sin levadura, las copas de vino, y hacía un gran canto de acción de gracias por los acontecimientos del Éxodo de Egipto.

Jesús estaba celebrando esto, pero aquella noche no había cordero en la mesa: el Cordero era Él, y la Pascua tendría en adelante un significado absolutamente nuevo y definitivo. El cordero había que sacrificarlo, pues sólo el que es capaz de desprenderse de algo querido está agradeciendo de verdad algo a alguien. Jesús va a ser sacrificado unas horas más tarde. Por eso toma el pan y el vino, los reparte, hace la bendición a Dios por lo que está sucediendo y les dice: “este pan es mi cuerpo, esta copa es mi sangre, comed y bebed”. Jesús les está dando a comer su propio cuerpo en forma de pan. Jesús ‘está muriendo' antes de que le maten. Jesús se está sacrificando y está dejando su presencia en ese humilde pan partido y en ese vino que sabe a muerte. ¿Qué está pasando? Está sucediendo la nueva y definitiva Pascua, la última Alianza de Dios con los hombres. Dios está liberando otra vez al pueblo, pero no ya de una esclavitud histórica, sino de la esclavitud que a todo hombre le tiene preso sin remedio: la esclavitud del mal, del pecado, de la muerte. La señal será un Cordero colgado en la cruz. Alguien tiene que sacrificar su vida para enseñarnos cómo se ha de vivir, y ese alguien es Dios mismo, el Hijo de Dios.

Después de la resurrección de Jesús fue cuando los apóstoles comprendieron todo lo que el Maestro había hecho aquella noche. Y grabaron a fuego en su memoria y en su corazón aquellas palabras: “haced esto en conmemoración mía”. Haced ‘ esto' , el Memorial de la liberación del poder del mal, el Memorial de hasta dónde ha sido capaz de llegar Dios por nosotros, el Memorial de la Alianza de amistad que Cristo ha sellado con su sangre.

Esto es la misa. Esto es el Corpus. Sin duda lo más grande que nos ha podido suceder. Por eso a la misa se le fue llamando “eucaristía”, es decir, acción de gracias. El discípulo de Jesús tiene en ella el momento principal de acercamiento a Dios. No sólo participa de la victoria de Dios para nosotros, sino que al comer el cuerpo de Jesucristo entregado se convierte misteriosamente poco a poco en lo mismo que come: sacrificio, entrega, amor sublime.

Esto es la misa. Es ‘ Jesús-entregándose ', ‘ Jesús-dando-vida ', ‘ Jesús-salvándonos '.

¿Por qué entonces tanto rechazo a ella? ¿por qué goza de tan mala prensa? ¿por qué esa resistencia en muchos cristianos a celebrar lo más grande de nuestra amistad con el Señor?

¿significa el rechazo a la misa que en el fondo nos importa poco o nada lo que Jesús hiciera por nosotros? ¿significa eso que hoy seguimos rechazando a Jesús como entonces lo hicieran los judíos?

Creemos en Dios, decimos, ¿pero es que no creemos en el misterio, en lo que Él nos dice, en lo que Él nos invita a hacer? ¿nos creemos que en la misa está el cuerpo de Jesús y que eso es necesario para llamarnos cristianos?

Como siempre sucede en el cristianismo, el problema de la fe no es creer o no creer en Dios, el problema es creer que Jesús de Nazaret, el hijo de María, sea Dios. Esa es la cuestión. Todo el mundo cree en Dios, o en un ‘algo' que a lo mejor existe. Otra cosa muy distinta es creerse a Jesús cuando él dice que es el Hijo de Dios, cuando él dice que su muerte será nuestra salvación, cuando él dice que su cuerpo está presente en ese pan, y que está presente en el Evangelio, y en la Iglesia , y en el hermano más humilde. Por eso todas las grandes crisis de fe en la historia de la Iglesia han tenido que ver de un modo u otro con Cristo y la eucaristía.

Dime si te crees este misterio y te diré si eres cristiano. Dime si te ‘tragas' que en ese pan está Cristo, con todo lo que eso conlleva, y te diré si le estás creyendo a él o te estás fabricando tu propia fe a tu medida.

Lo que está haciendo un gran sector de cristianos en esta época es lo mismo que se ha intentado en otros momentos de la historia: sacar a Cristo del cristianismo. Esa es la contradicción y el drama. Sólo en la aceptación humilde del testimonio de Jesús podrá tener solución este problema. Pero ¿no será esto mucho pedir?

 

Juan Pedro, sacerdote

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