CARTA DEL MES de NOVIEMBRE '09
VIVIMOS PARA RESUCITAR
Noviembre es un mes en el que mucha gente visita los cementerios, lleva flores a las tumbas, recuerda a sus muertos con cariño y, si es creyente, reza por ellos. Hoy otros que lo hacen desde la tradición, sin creer en nada, sólo para recordar a sus difuntos. Otros sienten dentera y nunca van, y otros, sobre todo los más jóvenes, se lo toman a guasa jugando a disfrazarse de Halloween.Nosotros, creyentes, tenemos conciencia de que nuestros familiares difuntos han ocupado un lugar importante en nuestra vida y muchas de las cosas que usamos aún están cargadas de su recuerdo y su presencia. Aunque pase mucho tiempo, está todavía muy vivo el recuerdo y el cariño. Muchas cosas nos siguen vinculando a nuestros familiares difuntos. Para nosotros no están muertos del todo. Pero, además, los cristianos sabemos por la fe que nuestros muertos viven en el Dios de la vida. Y por eso hacemos oración por ellos. En las tumbas de los cementerios queda lo que siempre hemos llamado los “restos mortales”. Tendríamos que recordarle a mucha gente con poca fe que nuestros muertos no están en los cementerios, sino que aquí están sólo sus restos mortales, seguramente restos cargados de significado para nosotros, pero sólo restos.
Además, por la fe estamos convencidos de que la muerte no es algo definitivo ni para siempre. No es dejar de existir para caer en la nada. La muerte es el paso a una nueva forma de vivir con el Señor. Sabemos que nuestros muertos están en las manos de Dios. Ése es su sitio y su premio, su fiesta y su descanso. Esto nos proporciona una gran confianza y mitiga la amargura de la separación que produce la muerte. San Agustín decía, «una flor sobre su tumba se marchita; una lágrima sobre su recuerdo se evapora; una oración por su alma, la recibe Dios».
Pero no siempre es así, entre entierro y entierro, entre pésame y pésame, en el tanatorio y en la Iglesia, me he dado cuenta que nuestra sociedad tiene pánico a la muerte y su entorno. Todos queremos evitarla para nosotros y para nuestros seres queridos. Pero la muerte, inexorablemente, nos va llevando uno tras otro. Un día también nos tocará el turno.
Alguien dijo que la muerte cristiana no se improvisa, sino que se merece, se gana, cada día con los gestos, las palabras, las acciones, los pensamientos…. José Caballero Salazar lo dijo muy bien: “Los cristianos no estamos amenazado de muerte, estamos amenazado de resurrección, de esperanza, de amor…” Permitidme que incida en esta idea: ¡tenemos que educarnos para resucitar, no para morir! Y a través de la vida vamos, debemos ir, desviviéndonos para dar vida hasta el momento supremo donde ofrezcamos nuestra existencia para encontrarnos con la Vida.
Esta es la experiencia de Cristo, esta debe ser nuestra experiencia, desvivirnos para ganar la Vida. Tendremos que recordarlo cada día, en cada momento: “vivimos para resucitar”
Julián Martín
Fotos del recuerdo: Cristo Vive... ha resucitado y con El todos participamos de su gloria. Estoy convencido de ello, por eso lo anunció y lo evangelizo.... estoy tan convencido... que algunas personas dicen que con mis palabras lo sienten y lo ven... ojalá y el Señor, dador de todo bien, me utilice como instrumento suyo para hacer creer en la Vida Eterna.