CARTA DEL MES de Octubre '09
HACED LO QUE EL OS DIGA
Queridos amigos y feligreses:
Una vez más este saludo lleva como protagonista a la Virgen María. No podía ser de otra manera, Octubre fue declarado mes del Rosario, con la intención de recordar a Jesucristo a través de su Madre, mediante la oración popular del Rosario, que ya todos sabemos en qué consiste y que casi todos sabemos rezar, ¿o no?
El Rosario es una de mis oraciones preferidas, en sus decenas podemos incluir todos los hechos que forman la vida del individuo, la familia, el país, la Iglesia y la humanidad, la oración del hombre por el hombre, la oración de la solidaridad humana. La Oración por los vivos y los difuntos, viaje interior hacia la santidad interior, hacia las necesidades del mundo.
En este mes de Octubre hay que intensificar la Oración por las Misiones. También hay que cooperar económicamente para sostener las obras Misioneras de la Iglesia en los lugares donde Cristo es menos conocido. El día especial es el penúltimo domingo de este mes, este año es el 18 de octubre, donde recordaremos el Domund y pediremos para ayudar a la labor evangelizadora de los misioneros y las misioneras
Este mismo día iniciaremos el curso pastoral asumiendo los dos objetivos diocesanos: la juventud y el sacerdocio, y asumiendo como propio, el reconocimiento y celebración del 50 aniversario de la Inmaculada Concepción como Patrona de Herencia. Un lema moverá nuestras actividades: “Haced lo que El os diga". Y queremos responder con todo nuestro corazón. Queremos hacer lo que su Hijo nos dice, porque Él tiene palabras de vida eterna. Queremos llevar a cabo y cumplir todo aquello que provenga de Él, todo aquello que se contiene en la Buena Nueva, tal como nuestros antepasados lo hicieran durante tantos siglos.
Su fidelidad a Cristo y a su Iglesia nos sirve de modelo y estímulo frente a aquellos que anteponen la devoción popular a las normas y doctrinas de la Madre Iglesia; frente a aquellos que amenazan ocultando su identidad; o frente aquellos que gritan y vociferan queriendo tapar los oído de la voz de María que nos dice: “Haced lo que mi Hijo os diga”. María, desde el principio, se adhirió heroicamente a la Sede Apostólica, estampando en cierto modo en nosotros, una marca indeleble que todos compartimos. Creedme, en verdad, que quien no es capaz de respetar a la Iglesia, ni ser fiel a lo que hemos recibido a lo largo de los siglos, es incapaz de amar a María.
Todos conocemos los movimientos fundamentalistas de algunas religiones; algunos de estos movimientos han nacido por la devoción del pueblo y la no aceptación de las normas superiores. El Islam no es la religión de los talibanes que vitorean y gritan por las calles, asumiendo como suya la ley. El Islam es otra cosa muy distinta. Este es el peligro de no aceptar las normas de la Iglesia, de no recibir el testigo de la Iglesia en la verdad… El peligro de decir que lo menos importante son los “papeles”. ¡Qué peligro tiene no aceptar la orden, la norma, la directriz de la Iglesia! Más aún… ¡qué peligro tiene el predicarlo en un ambón!
Porque así lo hemos heredado, queremos llevar esta herencia en el futuro con la misma fidelidad con la que nuestros antepasados dieron testimonio de ella. Que nuestros oídos escuchen constantemente con la adecuada claridad tu voz maternal: "Haced lo que mi Hijo os diga". Haznos capaces de perseverar con Cristo. Haznos capaces, Madre de la Iglesia, de construir su Cuerpo viviendo con la vida que solo Él puede darnos de su plenitud, que es a la vez divina y humana.
Julián Martín
Fotos del recuerdo Recuerdo, como en unos de los viajes realizados a Tierra Santa nos tuvieron que evacuar a las 5 de la mañana por aviso de un bombardeo israelí en Nazaret. Viviamos enfrente de la Basílica de la fotografía y efectivamente, dos horas despues de salir, bombardearon la zona norte de la ciudad... alguién gritó que para qué servían los papeles de la ONU, para qué servían los papeles de los Derechos Humanos... ¡ efectivamente !. ¿De qué sirven los papeles si no se respetan?. Eso mismo me sigo preguntando con la actitud de algunas personas sobre la firma de un Papa reconociendo un patronazgo.