CARTA DEL MES de Febrero'07

NOSOTROS SÍ SABEMOS LEER

Cuando llega Febrero se abre un nuevo mes para nuestra fe, para nuestra solidaridad fraterna y para nuestro compartir.

Manos Unidas se abre camino entre nosotros, se hace presente en nuestros templos y capillas, en las calles y en cada uno de los hogares recordándonos que ha llegado el tiempo de luchar contra el hambre en el mundo, que nosotros sabemos leer y muchos no se lo saben, ni pueden.

En del septiembre del año 2000, al final de la cumbre del Milenio, celebrada en Nueva Cork, 191 estados miembros de las Naciones Unidas suscribieron la Declaración del Milenio. Los compromisos asumidos se plasmaron en una lista de 8 objetivos de Desarrollo, cuya finalidad es erradicar el hambre y la pobreza y mejorar la educación, la salud, la situación de las mujeres y el medio ambiente para el año 2.015. Todavía no ha llegado la hora en que reapliquen los recursos previstos ni lo medios para ellos.

Pero no todo sigue igual ya que estos objetivos han sido capaces de impulsar, de manera mucho más intensa y sin precedente, el compromiso por responder a las necesidades de los más pobres del planeta.

Manos Unidas, la ONG católica que lucha contra el hambre en el mundo, ha sido la pionera en un nuevo proyecto de desarrollo. Se ha propuesto que desde este año, hasta el 2015, todos los niños y niñas del mundo estén escolarizados y puedan terminar un ciclo completo de Educación Primaria.

Nosotros, como Arciprestazgo de Mancha Norte, nos unimos a este esfuerzo de Manos Unidas, y juntos, con la aportación de todos, construiremos un centro educacional, en Melgar (Colombia), para acoger a esos niños y niñas, que huyendo de las guerrillas y de la violencia, han dejado su hogar y viven en la calle, se prostituyen, se entregan a las manos de las mafias o se adentran en la selva colombiana.

Allí, en medio de aquel sufrimiento, se encuentran los Misioneros de la Consolata que nos han pedido esta ayuda para poder construir esta granja-hogar, que acoja a estos niños y niñas, les enseñen a leer y escribir, y aprendan un trabajo agrícola o ganadero.

Si conocemos, en nuestro entorno, a alguien que no sepa leer ni escribir, que todavía hay; nos daremos cuenta lo importante que es saber leer y escribir porque nos permite ganarnos el pan de una forma segura y diga; porque nos permite crecer en el desarrollo y la cultura; nos permite alcanzar una dignidad, sintiendo aprecio y autoestima y sobre todo, que nos permite acercarnos a la Palabra de Dios y conocer la salvación que nos ofrece.

Todos estamos llamados a la solidaridad, a sentir la necesidad del hermano, aunque no lo veamos. Juntos podremos ayudar a este pueblo colombiano.

Julián Martín

 

Foto del recuerdo:

En este mes de fraternidad, miro con envidia y cobardía a mis compañeros de seminarios que, oyendo la voz del Señor en su sacerdocio, han ido a tierra de misión. Esta navidad, Jose Mari Aguirre, nos mandó esta fotografía de su obra misionera en Zaire. Signo de un testimonio que hoy sigue siendo el sector de llamada vocacional que más atrae a los jóvenes.