CARTA DEL MES de NOVIEMBRE'06
A LA TARDE TE EXAMINARAN EN EL AMOR….
En este mes de noviembre, recordando a nuestros difuntos, son muchos los sentimientos e incertidumbres que a todos se nos presentan…
Aceptamos la muerte como un hecho normal, la conclusión de la vida, nacemos para morir; pero evitamos pensar en esto porque instintivamente nuestro ser busca vivir, hasta que la muerte nos toca de cerca y se va llevando a las personas que más amamos y ahí surgen los interrogantes: ¿qué es la vida? ¿Qué ocurre con los que mueren? ¿Hay algo después?
A todos nos han enseñado que hay otra vida, mantenemos los ritos religiosos para despedir a los difuntos, pero ¿aceptamos, de verdad, lo que decimos en el Credo: “Creo en la resurrección de los muertos y en la vida eterna”?
Es difícil creer que después haya otra vida, el peso de la muerte nos puede llevar a aceptar resignadamente que todo ha acabado; las misas por los difuntos se convierten, muchas veces, en un mero recuerdo de esas personas queridas que siguen vivas en nuestra memoria; o se convierte en un acto para cumplir con los familias que siguen sufriendo por la pérdida de aquellos a quienes se amaba. El hecho es que todo lo referente a los difuntos desprende siempre un pesimismo fuerte, como quien sabe que ya no hay que nada más que esperar: “Todo tiene remedio menos la muerte…” decimos siempre.
Y sin embargo la Resurrección es el elemento central de nuestra fe: todo lo que creemos sería inútil si no aceptáramos la Resurrección de Jesucristo como lo más novedoso ocurrido en la historia de la humanidad. Y si Dios arrebató a su Hijo de manos de la muerte también estará junto a nosotros en el momento más negro en nuestra vida, para darnos el don de la Resurrección , que ya se nos anticipó en el bautismo.
El mismo Dios que hizo el mundo de la nada, que nos envió a su propio Hijo, hará una nueva creación en la que todo llegue a su plenitud y en la que todos podremos mirarnos como hermanos, porque no habrá ni oído, ni dolor, no hambre, ni soledad, ni tan siquiera muerte; porque todo estará reconciliado por el Amor que Dios nos tiene.
Ahora bien, esta esperanza no es un recuerdo ante la muerte, sino que nos tiene que llevar a vivir ya en este mundo como si estuviéramos ya en esa Vida Nueva, Para ir construyéndola hasta el momento en el que tengamos que afrontar el fracaso de la muerte.
Desde la confianza en éste Dios que nos ha dado todo por amor, vivamos ya esta esperanza. Dios espera de nosotros una respuesta para al final de la vida examinarnos del Amor.
Julián Martín Martín
Foto del recuerdo:
Con mi madre. Siento ya que la vida se le va de las manos y me repite una y otra vez, que esta deseando encontrarse con sus padres y su hermana... fe que ella tiene en la vida eterna.