

Adviento'10
¡ TIEMPO DE SOÑAR ¡
INDICE:
Materiales propios para Adviento
Materiales y actividades parroquiales. Aquí

El profeta Isaías |
Adviento: el tiempo de la venida del Señor. Eso significa la palabra latina adventus : venida, advenimiento. Una palabra que se aplicaba especialmente a la llegada de algún personaje importante, y que ahora nosotros dedicamos al único personaje realmente importante, Jesús. Al inicio del año litúrgico, preparando la celebración de la Navidad, dedicamos unas semanas a contemplar esta venida: a esperarla, a desearla, a prepararla en nuestras vidas y, en definitiva, a celebrarla. Porque, ciertamente, al tiempo que anhelamos que venga el Señor, y nos queremos convertir para ser para él «un pueblo bien dispuesto», ya podemos también vivir la alegría de su presencia en nuestras vidas. Porque esta venida del Señor no es la ficción de estar esperando como si fuésemos los hombres y mujeres del Antiguo Testamento que no habían visto aún al Mesías. Nosotros sí lo hemos visto, nosotros hemos conocido ya su venida en nuestra historia, hace dos mil años, en Belén. Pero esta venida histórica, que conmemoramos en la Navidad, deja en nosotros el anhelo de una venida más plena. Y por ello, decimos que el Adviento celebra una triple venida del Señor: |
en primer lugar, la histórica, cuando asumió nuestra misma carne para hacer presente en el mundo la Buena Noticia de Dios; en segundo lugar, la que se realiza ahora, cada día, a través de la Eucaristía y de los demás sacramentos, y a través de tantos y tantos signos de su presencia, comenzando por el signo de los hermanos, y de los hermanos pobres; y finalmente, en tercer lugar, la venida definitiva, al final de los tiempos, cuando llegará a plenitud el Reino de Dios en la vida eterna.
Todo esto celebramos en el tiempo de Adviento. Y lo celebramos como en una gradación: primero, los primeros días, el interés principal se dirige hacia la venida definitiva al final de los tiempos, con la llamada a la vigilancia para estar bien dispuestos; luego, nos centramos más en la venida cotidiana, que vemos marcada por los anuncios del precursor Juan Bautista y su invitación a preparar el camino del Señor; y finalmente, sobre todo a partir del día 17 de diciembre, nuestra mirada se fija ya de lleno en la espera del nacimiento de Jesús en Belén, acompañados por la figura amorosa de María y también de su esposo José. Y todo ello, acompañado a lo largo de todo el tiempo por los oráculos de Isaías y de los demás profetas, que nos hacen vivir en constante actitud de gozosa espera.
La organización del tiempo de Adviento
Juan el Bautista
El tiempo de Adviento es el más tardío de todos los tiempos litúrgicos: no existió hasta el siglo V o VI. La fiesta de Navidad nació a principios del siglo IV, y consta por primera vez en un calendario del año 354; la de la Epifanía, quizá algunos años antes. Y a partir de la existencia de esas fiestas, los cristianos quisieron dedicar un tiempo a su preparación. Un tiempo, sin embargo, que tuvo distintas extensiones y características según cada lugar, hasta que quedó fijado como ahora lo tenemos.
Actualmente, el tiempo de Adviento comienza el cuarto domingo antes de Navidad. Ello conlleva que no tenga siempre la misma extensión. Porque como el día de Navidad, el 25 de diciembre, no se corresponde con un día fijo de la semana, si resulta por ejemplo que la Navidad cae en domingo, entonces el Adviento comienza el 27 de noviembre y tiene cuatro semanas justas; y en cambio, si cae en lunes, entonces el cuarto domingo antes de la Navidad es el 3 de diciembre, y el Adviento tiene sólo tres semanas y un día. Entre estas dos fechas, por tanto, el 27 de noviembre y el 3 de diciembre, puede comenzar el Adviento.
Lo que marca, naturalmente, con mayor fuerza el sentido y la vivencia de este tiempo son los domingos, con la distribución de sus lecturas en tres ciclos:
– En el evangelio, el primer domingo de los tres ciclos está centrado en la venida definitiva del Señor al final de los tiempos, para realizar la plenitud de su Reino; el segundo y tercer domingo, el protagonista es Juan Bautista, que nos invita a preparar la venida del Señor; y el cuarto domingo, el evangelio nos presenta las escenas preparatorias del nacimiento de Jesús (el sueño de José, la anunciación, la visitación).
– En la primera lectura, leemos cada domingo textos de Isaías y de los demás profetas, que nos anuncian la obra del Dios salvador y la venida de su Mesías: los tres primeros domingos estas profecías evocan las grandes esperanzas de Israel, mientras que el cuarto, en sintonía con el evangelio, presentan las promesas más directas del nacimiento del Hijo de Dios.
– Y finalmente, están los textos de la segunda lectura, tomados de san Pablo o de las otras cartas apostólicas, que nos exhortan a preparar y a vivir la venida del Señor.
Además de las lecturas de los domingos, cabe destacar también la gran riqueza del leccionario ferial marcado por las dos grandes etapas en las que se divide el tiempo: hasta el 16 de diciembre hablando de forma más general de la venida del Señor, y a partir del 17 de diciembre, preparando más directamente el nacimiento de Jesús.
María de Nazaret
Todos los tiempos lo son, desde luego, pero este quizá tiene un particular tono de calidez humana y cristiana que nos lo hace especialmente próximo. La promesa de salvación de Dios se encuentra con lo más valiosas y auténticas esperanzas humanas, y su fruto es el Reino que se abre paso en medio de nosotros.
Merece la pena aprovechar y vivir este tiempo. Las sugerencias y materiales de estas páginas intentarán ayudar a ello.
Personajes especialmente queridos nos acompañan en el trayecto: el profeta Isaías, el precursor Juan Bautista, los últimos patriarcas como Zacarías, Isabel, José... y, sobre todo, naturalmente, María, en este tiempo que, como dice el papa Pablo VI,merece la pena dedicarle mas tiempo porque resulta más adecuado que cualquier otra época del año.